Una Mirada a las Organizaciones
y a los Líderes del Siglo XXI

Por Sandra Rozo / President & Coach

Para expresar mi concepto sobre el rol de los líderes en las organizaciones, deseo realizar primero un marco conceptual sobre algunos macroprocesos de la vida misma. La mente del hombre se haya en una búsqueda incesante por explicar el misterio de la vida y cada ser pretende encontrar “ese algo” que no sabe que es, pero que tal vez llenará ese vacío interior. Cada día y a cada instante, tenemos mayores posibilidades de percibir nueva información, y el acceso a la misma se hace posible, cuando permitimos que fluya nuestra fuente interior a través del dar y se vacíe constantemente para poder recibir nuevamente. Hay que deconstruir para volver a construir. Hay que comprender que la vida es movimiento continuo, y que dicho estado ordenado nos conducirá a la evolución, como ley natural del universo. La autoorganización social y la creatividad colectiva permitirán cambios en los procesos humanos, pero ello solo se dará en la medida que configuremos microsistemas autoorganizados dentro de las organizaciones (empresas, familias y grupos sociales), y así mismo en los seres que forman parte de ellas. Desde la perspectiva del caos, toda la actividad en la sociedad y en la naturaleza es una actividad colectiva, y los individuos son parte indivisible del todo. La actividad de un sistema caótico colectivo, compuesto por una retroalimentación interactiva entre sus muchas escalas o partes recibe el nombre de “atractor extraño”. Cuando los científicos dicen que un sistema tiene un “atractor” quieren decir que si llevan a un gráfico los cambios del sistema, o la conducta en un espacio matemático, el sistema muestra que se esta repitiendo un modelo. El “sistema” es atraído hacia este modelo de conducta, dicen los científicos. Traigo al tema la teoría del caos y el concepto del atractor extraño, porque considero que los líderes de las organizaciones “son atractores extraños” al interior de las mismas; que poseen el poder de construir, deconstruir o destruir las organizaciones que dirigen. Ese poder, jerarquía y competencia impuesto por los líderes, ha sesgado en el caso de muchas instituciones, la tendencia natural de la creatividad colectiva, generándose de esta manera organizaciones con individuos frustrados y conflictivos.

Las organizaciones como sistemas vivos, que nacen, crecen, se reproducen (a través de la creación de nuevas sedes) y mueren, tienen por “dadores de vida” a sus empleados. Y es que son los empleados, los seres que trabajan día a día para la misma, y con su trabajo le dan “el tiempo de vida” a la organización. Porque una empresa no es un edificio, unas maquinas, unos equipos de cómputo o sus demás activos; una empresa es un grupo de personas que trabajan en busca de lograr una visión común, lo demás son procesos accesorios a la misma para lograr los objetivos. Cada individuo cuando labora para una empresa tiene por tendencia natural el sentimiento de querer aportar a la misma, a través de sus ideas, de su trabajo o sus competencias, laborando a veces con un compromiso tal, que los hace sentir mas completos y hasta mas vivos; el infortunio viene cuando no son escuchados, no se sienten valorados o entran en un estado de rutina organizacional, donde la mediocridad, el trabajar solo por un sueldo y la ley de la sobre vivencia se convierten en su proceso vital. Así mismo lo es el mal uso del poder, la falta de ética y otros vicios organizacionales.

En las empresas se vivencia el “iceberg organizacional” donde como en todo iceberg, lo que se ve por fuera del agua es solo el 10%, mientras que el otro 90% de la montaña de hielo esta en la profundidad. Ese 10% corresponde a todo lo visible de la organización: su visión, su misión, su infraestructura física, humana y de recursos, sus normas y reglas, entre otros; y ese otro 90% lo componen los intereses, motivaciones, valores, percepciones, emociones, aspiraciones, necesidades, sentimientos y reacciones, de las personas que laboran para las mismas. Es allí donde encontramos la clave de lo que hay que transformar. Es allí donde considero que el Coaching Ontológico debe configurarse como un modelo de atractor extraño organizacional, donde surjan líderes coach que apoyen la transformación de su equipo de trabajo; donde las distinciones de cada ser sean retomadas, en busca de generar estados de creatividad colectiva, que solo surgirán en la medida que cada ser se comprenda a sí mismo y tenga una nueva mirada hacia los demás.

Patricia Aburdene en su libro Megatendencias 2010, nos habla de las siguientes megatendencias: El surgimiento de lo espiritual, el amanecer del capitalismo consciente, dirigir desde el medio, la espiritualidad en los negocios, el consumidor movido por valores, la ola de soluciones conscientes y la bonanza de la inversión socialmente responsable. Teniendo en cuenta lo anterior, los líderes del siglo XXI están invitados a generar procesos de transformación de la consciencia como líderes coaches de sus empleados; y así mismo deberán vincularse junto con su equipo de trabajo, a procesos de responsabilidad social empresarial - RSE tales como: la ética empresarial, el ambiente laboral, el mercadeo responsable, los aportes al medio ambiente y a la comunidad. La RSE más que una estrategia de negocio, es una contribución a la sociedad (familia, empresa y grupos focales). Muchos creen que las organizaciones tienen una responsabilidad mayor que su propio interés o beneficio, como es el caso de las empresas con ánimo de lucro. Inspirados en la teoría del caos y en la hipótesis Gaia (la idea de que todo el planeta es una forma de vida autoorganizada) algunos economistas, científicos y políticos han propuesto que nos aseguremos de esa responsabilidad calculando una carga a las empresas en proporción al daño ambiental y social que cada una produce en el medio del que obtiene su beneficio. De forma personal, considero que la clave de una organización consiste primero en transformar a las personas que forman parte de ella, como fractales de un todo, para que el todo pueda cambiar; de lo contrario no habrá coherencia organizacional. Los seres humanos estamos ávidos de situaciones que nos permitan mejorar nuestra calidad de vida, pero considero que esto solo podrá ocurrir en la medida en que se expanda nuestra consciencia, y es allí donde el Coaching Ontológico se convierte en una herramienta que nos invita a la reflexión de nuestro vivir, de nuestro actuar, de nuestro pensar, de nuestro hablar y de nuestras emociones. ¡Si cambio mi micromundo, cambio al macromundo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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