" Alimentar
la mente para combatir el hambre"
Una
primera aproximación a la problemática
alimentaria, sería desde la mirada antropofánica
de nuestro entorno, como seres organizados y vivos a través
de nuestras trayectorias naturales, sociales y culturales,
que interactúan como fuerzas o flujos de conocimientos-
soluciones aplicados, cada vez menos desde la vida y más
desde la supervivencia.
El juego triádico entre el cuerpo, el espacio y
el tiempo están intrínsecamente insertados
en un poderoso lenguaje vincular, con la acción,
la reflexión y la consciencia alimentaria en todas
las civilizaciones de la tierra.
El
cuerpo como recipiente sistémico, divino y formal,
transforma la información, la materia y la energía
en productos sociales y culturales, que le permiten su
sostenibilidad desde lo orgánico (la magia físico –química,
de su estuche genético) y la sustentabilidad desde
la modernidad de su mente (lo maravilloso de su mágico
intelecto), estas mancias contribuirán a despertar
la esencia espiritual humana, contenida en las energías
ocultas de los alimentos,ya Emerson afirmaba " El
hombre es lo que come" o decir que " el hombre
come lo que no debería comer".Observar por
ejemplo, las grandes exigencias nutricionales de todo tipo,
que la sociedad del conocimiento demanda hoy día,
es un desafío a nuestra cultura y a nuestra supervivencia,
sobre todo a las poblaciones vulnerables excluídas
y tratadas como subculturas carenciadas desde lo básico
y que para el Estado es un imperativo social dentro de
las políticas de democracia económica, y
de erradicación de la pobreza, brindar soluciones
equitativas en el presente siglo.
La
gran reflexión en la actualidad, es la profunda
pobreza mundial, que está enmarcada dentro de una
precaria canasta normativa de satisfactores esenciales,
de ingreso y consumo, como estándares planetarios,
y que de aquí se desprende una preocupación
fundamental de lo humano y de dimensiones urgentes, que
están afectando a centenares de millones de personas
en el mundo entero y que ya hoy es una lógica económica
y geográfica irrefutable, que conlleva a describir
una gran crisis alimentaria que tiende a convertirse en
un gigantesco desastre socio-ambiental. No olvidemos nuestra
corresponsabilidad humanitaria frente a esta situación
que como afirma Harvé Le Bras en su libro los límites
del planeta, es “Un asunto de Política Social
y no Natural”.
Es
importante tener en cuenta en el actual contexto mundial,
como las
poblaciones están inmersas en la dinámica
obscura de la inseguridad alimentaria, y es obscura debido
a la insuficiente cultura, que sobre los alimentos, sus
biocomponentes o atributos, sus propiedades nutricias o
sus principios activos e incluso la tan mencionada manipulación
genética, la falta de oferta alimentaria, la falta
de tierras cultivables etc., que hacen que la alimentación
humana como energía indispensable, sea cada mas
precaria, y la comprensión de esta situación,
solo sería posible desde lo económico, lo
educativo y lo cultural. Es por este motivo, que la demanda
mundial por sello de alimentos orgánicos, crece
paulatinamente en el mundo, pero más grave aún,
es la demanda por seguridad alimentaria de las poblaciones
mundiales más vulnerables.
Las
preguntas más relevantes que la humanidad desearía
tener en su haber de soluciones, serían de alguna
forma las siguientes:
¿Que
estrategias se necesitan para incrementar la seguridad
alimentaria en las poblaciones vulnerables?
¿
Qué estrategias se necesitan para incrementar la
seguridad de acceso de la población pobre urbana
a la tierra para la producción de alimentos?
Estas
dos primeras cuestiones son cruciales para resolver estos
escenarios
de carencias de nuestros países
en desarrollo.
Sabemos que cuando aparece la crisis surge la oportunidad,
es un principio en administración aplicable en todo
el mundo de los negocios y es precisamente por este motivo
que sea posible, que se potencie el capital comunitario
con herramientas de asociatividad, trabajo en equipo, redes
de capital social y todo aquello que permita un plan de
acción comunitario efectivo, para generar las condiciones
favorables a la gobernabilidad, en alianza con la sociedad
civil, frente a la demanda insatisfecha de alimentos por
parte de la población vulnerable.
Se
estima que cientos de millones de seres en nuestro planeta,
una
tierra cuya característica más
sensible son sus recursos limitados, para satisfacer una
demanda con poblaciones geométricamente exponenciales,
casi que ilimitada, causando inevitablemente, un desequilibrio
en el juego antroposistémico alimentario mundial,
esta apreciación ya ha sido debatida en el documento" los
límites del crecimiento".
La
realidad es que el 18% de la población mundial,
que habita en los países industrializados, consume
el 84% de los recursos del planeta, vemos aquí como
está el uso de la energía totalmente desequilibrada,
y de otro lado, las variables como la fecundidad, el débil
crecimiento económico, la renta media por habitante,
el analfabetismo son imprescindibles para entender y comprender
los nuevos órdenes alimentarios mundiales y sus
profundas contradicciones y desórdenes locales en
lo que respecta a países del tercer mundo.
De
lo anterior surge una reflexiòn muy poderosa
en nuestros países en desarrollo, y es que siendo
estos países muy ricos en biodiversidad, o sea con
un potencial de carga alimentaria significativa, tenemos
múltiples casos de subnutrición, malnutrición
y desnutrición en nuestras comunidades, y que posiblemente,
sean debidos a: problemáticas de empleabilidad,
estrechas culturas alimentarias, malos manejos sociales
de lo ambiental, así como también, unas precarias
políticas gubernamentales actuales en términos
de educación, gestión, cofinacianciación
y apoyo a la creatividad social ambiental comunitaria.
Se
precisa entonces al interior de nuestras comunidades
destruir el paradigma
de la inseguridad alimentaria, al
que se han visto abocadas social, cultural e históricamente
desde mucho tiempo atrás, debido a muchos factores
como los económicos, que no son del caso analizarlos
en este breve documento. Desde luego para disolver o armonizar
de alguna manera dicho paradigma, es preciso un cambio
de mentalidad bio-sico-social, que facilite una fuerte
cohesión hacia el desarrollo comunitario ambiental,
como estrategia para el cambio y este sólo es posible
por medio de facilitarle a las comunidades, que exploren
sus capacidades integradoras naturales o competencias asociativas,
mediante una ilustración suficiente de la fuerza
potencial participativa que poseen, y cuando esta integración
social ya esté establecida, sea enfocada a resolver
la problémica de la inseguridad alimentaria.
Debido
a esta problémica social, es deber de todos
los ciudadanos tomar conciencia de cuales serían
las estrategias para el cambio de paradigma dentro de nuestras
comunas, y cómo darle solución a los problemas
alimentarios de las poblaciones vulnerables de nuestra
ciudad, que amerite una toma de decisiones y creatividad
social comunitarias muy innovadoras, dentro del esquema
de una legitimación social corresponsable y consensuada
desde lo ambiental.
Ya
las comunidades están tomando conciencia de
que la actual coyuntura alimentaria, es alimentar un mundo
cada vez más urbano. Se estima que para este año
2005,más de la mitad de la población mundial
vivirá en la ciudades, proporcionar a esta población
los alimentos necesarios será una presión,
ya que la pobreza urbana de nuestros países en desarrollo
rebasan más del 50% entre las caracterizaciones
de pobreza digna, pobreza, miseria o vulnerabilidad absolutas.
En
cuanto a la otra pregunta sobre tierras cultivables para
el desarrollo
alimentario, aún a pesar de que
no hay una reforma agraria como política de Estado,
hemos venido asistiendo a fenómenos muy aislados
pero elocuentes, de cesiones de tierra en zonas rurales,
con figuras legales, como comodatos, o a contra entrega
por proyectos comunitarios viables o por concesiones de
pancoger insertadas en proyectos privados etc. por decisión
de algunos potentados terratenientes, los cuales han cedido
parte de sus tierras para generar en la zona un cierto
aire de convivencia y paz. ¿Podrían ser estos
ejemplos unos primeros visos de creatividad social?, vale
la pena analizarlos mas profundamente, desde los respectivos
diálogos y consultas, previo estudio de los proyectos
de seguridad alimentaria a desarrollar en algunas zonas
del país además de los lineamientos de leyes
de tierras con figuras legales aún no contempladas
en la ley, promoviendo políticas sociales alimentarias
innovadoras. De otro lado el uso de tierras del Estado
que estarían ociosas y que de alguna forma podrían
utilizarsen en estos novedosos proyectos, amparados en
una muy acertada normatividad o reglas de oro para dichas
cesiones.
Ya
en las ciudades la agricultura urbana jugaría
un rol muy estratégico en la solución de
la inseguridad alimentaria, ya existen muchos ejemplos
en el mundo, en la utilización de esta estrategia,
con muy buenos resultados, que aunque son recientes, son
dinámicas del aprender haciendo, que se van refinando
con el tiempo y se insertan en el saber local de las poblaciones,
permitiendo a estas metodologías, ser aplicadas
a nuestras comunidades.
Los ejemplos de agricultura urbana se han realizado en
principio como actividades informales y luego planificadas
dentro del POT urbano.
Estas
actividades informales, dinámicas y sistémicas
que propician estos modelos de agricultura urbana, permiten
diseñar además lógicas administrativas
colaboracionistas innovadoras, para el manejo inteligente
de la industrialización de las basuras, como prácticas
de gestión del reciclaje, dentro de un enfoque de
transformación productiva sostenible y sustentable.
La
posibilidad de pensar en empresas recicladoras tienen
una restricción económica paradójica,
si por un lado, nosotros queremos disminuír sustancialmente
el impacto toneladas día de basuras, por otro lado
se estaría disminuyendo la posibilidad de crear
dichas empresas, debido a que estas empresas necesitarían,
una carga toneladas día enorme para su sostenibilidad.
Sin embargo, la estructura de realidad de nuestras ciudades
contemporáneas, nos hacen pensar en la necesidad
de fortalecer el empresarismo de reciclaje. No es sino
observar la enorme cantidad y composición de los
desechos que son indicadores de los exagerados hábitos
de consumo y a la vez deterioro de nuestro entorno, contorno
y distorno. Este elevado nivel de producción de
basuras, se acumulan por doquier, rompiendo el equilibrio
de los ciclos ecosistémicos y obligando a las comunidades
a establecer por medio de su creatividad social, un ejército
innumerable de personas, que intentan sacar partido de
los restos de vertederos de las grandes ciudades, en otras
palabras, una mano de obra disponible para innovar en el
emprendimiento del reciclaje.
Volviendo
al modelo de agricultura urbana veamos algo de su evolución histórica
en el mundo.
Históricamente, el apoyo público para el
acceso de los pobres a los terrenos urbanos para producción
de alimentos, ha surgido de razones económicas y
culturales (asignación de parcelas/huertos para
el cultivo). En el período postbélico, ejemplos
de agricultura urbana incluyen las reformas de Gorbachov
en Rusia, las 'zonas verdes' de Mozambique, los 'hydropónicos'
cubanos, los huertos escolares de Mongolia, las pequeñas
granjas urbanas provinciales en Sudáfrica y 'huertas
comunitarias' en Francia y Estados Unidos, también
en Montevideo Uruguay, y que podrían ser realizadas,
sin lugar a dudas como experiencia piloto en Agricultura
urbana en la ciudad de Medellín, más concretamente
en las comunas del valle de Aburrá, con miras a
darle solución a la inseguridad alimentaria de sus
respectivas comunidades.
Esta
creatividad social de las comunas, son condiciones de
posibilidad
para la seguridad alimentaria y la organización
ambiental comunitaria, que elevaría el capital social
disponible y llevar a cabo estos pilotos como primeras
experiencias de agricultura urbana, en la ciudad de Medellín,
para ello dispondrán de sus respectivos solares,
patios, algunos sitios disponibles al lado y lado de las
quebradas y en la búsqueda incesante de espacios
cultivables del municipio, que puedan ser intervenidos
corresponsablemente por los actores ambientales sociales
en su debido momento.
La
solidaridad de la humanidad y el futuro de la naturaleza
dependen
de nuestro interés con el mundo orgánico,
depende de nuestro comportamiento ambiental-social, el
futuro de las generaciones por venir, y la posibilidad
establecer de alguna forma un nuevo contrato natural a
la manera de Michel Serres, en donde el hombre redescubre
su dignidad y la responsabilidad para con la naturaleza
y las generaciones futuras.
Con
lo anterior, observamos un desafío al desarrollo
comunitario y al fortalecimiento de la sociedad civil,
que aunque incipientes, son ya ejemplos potenciales de
culturas comunitarias que propenderán a organizasen
en red, para posibilitar de esta de alguna forma, un progreso
con dignidad hacia el futuro, una mejor calidad de vida
y una mayor probabilidad de que sus proyectos de desarrollo
local tengan un eco efectivo, no sólo en las autoridades
gubernamentales, sino también en las agencias internacionales
de cooperación para el desarrollo económico
local de nuestros pueblos.
Autor Luis Bernardo Zapata: Economista Agrícola
Universidad Nacional de Colombia, profesor universitario,
consultor de empresas privadas y públicas, e investigador
en desarrollo comunitario, redes sociales y consultor en
cooperación internacional.
e-mail luberza@epm.net.co